Japón vive horas de máxima tensión tras el terremoto de magnitud 7,1 que sacudió la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu. Los equipos de rescate trabajan sin descanso entre los restos de un centro comercial parcialmente derrumbado, donde permanecen desaparecidas entre 20 y 30 personas. Las autoridades reconocen que existe un serio temor a que el balance de víctimas mortales aumente de forma considerable conforme avancen las labores de búsqueda.
El fuerte seísmo provocó el colapso de parte del edificio tras una explosión, además de graves daños en carreteras, puentes, viviendas e infraestructuras. Miles de bomberos, policías, militares y equipos especializados han sido movilizados para localizar supervivientes, mientras continúan las operaciones con maquinaria pesada y perros de rescate.
El terremoto obligó también a activar una alerta de tsunami, que fue retirada horas después al descartarse un riesgo significativo para la costa. Sin embargo, decenas de miles de hogares permanecen sin suministro eléctrico y buena parte de la red de transporte continúa afectada por los daños.
El Gobierno japonés mantiene la máxima alerta ante la posibilidad de nuevas réplicas y ha pedido a la población que permanezca alejada de edificios dañados. Mientras tanto, todas las miradas están puestas en el centro comercial de Kumamoto, convertido en el principal escenario de una tragedia cuyo alcance real aún está por determinar.