El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un acuerdo para el “desarme total” de Hamás y del resto de las facciones armadas de Gaza, una iniciativa que presenta como un paso decisivo para poner fin al conflicto. Sin embargo, el pacto todavía está lejos de garantizar la paz: Israel no ha comunicado oficialmente su respaldo y el movimiento islamista condiciona su aplicación a la retirada de las tropas israelíes.
El plan contempla la entrega gradual de las armas, la destrucción de túneles y el desmantelamiento de las infraestructuras militares. El proceso quedaría supervisado por organismos internacionales y por el nuevo Comité Nacional para la Administración de Gaza, que asumiría progresivamente el control político y civil de la Franja.
A cambio, Israel tendría que detener sus operaciones militares y retirarse de Gaza por fases, conforme avanzara el desarme. Este punto representa el principal obstáculo: Hamás exige garantías de que la retirada israelí se producirá realmente, la apertura de los pasos fronterizos y el cese de los ataques antes de entregar completamente su armamento.
Trump ha calificado el anuncio como un acuerdo histórico y un avance hacia una paz duradera. No obstante, la falta de una respuesta formal del Gobierno de Benjamin Netanyahu y las discrepancias sobre qué debe producirse primero —el desarme de Hamás o la retirada de Israel— mantienen abierta la incertidumbre.
El acuerdo abre una nueva posibilidad diplomática para Gaza, pero su éxito dependerá de que ambas partes acepten el calendario, las condiciones de seguridad y el mecanismo internacional que deberá verificar cada fase. El anuncio de Trump supone un movimiento relevante, aunque la paz sigue pendiente de la firma política y del cumplimiento efectivo sobre el terreno.