Cada vez que se registra un enjambre sísmico en Canarias, todas las miradas se dirigen al PEVOLCA. Es lo lógico. Los científicos analizan la actividad sísmica, los gases, la deformación del terreno y la evolución del sistema volcánico para responder a la pregunta que todos nos hacemos: ¿puede haber una erupción? Pero esa no debería ser la única pregunta.
La verdadera cuestión es si Canarias estará preparada cuando llegue el próximo volcán, ocurra dentro de dos años, de diez o de cincuenta. Porque los volcanes no entienden de calendarios políticos ni de legislaturas.
Prepararse para convivir con un territorio volcánico exige mucho más que un buen sistema de vigilancia científica. Exige revisar leyes, adaptar el urbanismo, modificar la planificación territorial, ofrecer seguridad jurídica a los ciudadanos y a las empresas e incorporar tecnologías que hoy ni siquiera forman parte del debate público.
Pensemos en algo tan sencillo como un helicóptero medicalizado. Si una nube de ceniza impide volar, podemos encontrarnos con la imposibilidad de evacuar a un paciente crítico o trasladarlo entre islas. Ese problema no se resolverá el día de la emergencia. Tendría que estar resuelto mucho antes.
Lo mismo ocurre con la vivienda. Existen inmuebles completamente legales que, debido a la evolución del planeamiento urbanístico, hoy se encuentran fuera de ordenación. Si un volcán los destruyera, muchos propietarios no podrían reconstruirlos en las mismas condiciones. No es una hipótesis; es una realidad jurídica que sigue esperando una solución.
También debemos preguntarnos qué mensaje enviamos a quien decide invertir en Canarias. La seguridad jurídica forma parte de la prevención. Ningún empresario afrontará con tranquilidad una inversión millonaria si desconoce qué ocurrirá con su actividad en caso de una erupción.
La futura Ley de Volcanes representa un paso adelante, pero aún deja demasiadas cuestiones abiertas. Hay debates que resultan incómodos, pero que no pueden seguir posponiéndose. ¿Debe la Administración asumir con fondos públicos la reconstrucción de cualquier inmueble? ¿Es sostenible indemnizar por igual cualquier situación, independientemente de su naturaleza jurídica o de la existencia de seguros? Son preguntas difíciles, pero precisamente por eso deben responderse antes de que llegue la siguiente emergencia.
Mientras tanto, el PEVOLCA continúa informando de que, a corto y medio plazo, no existen indicadores que hagan prever una erupción. Y seguramente sea así.
Pero la prevención no consiste únicamente en saber que hoy no habrá una erupción. La prevención consiste en utilizar ese tiempo para hacer los deberes que todavía siguen pendientes.
Cuando vuelva a producirse otro enjambre sísmico, el PEVOLCA volverá a hablar de terremotos, gases, deformación del terreno y niveles de alerta. Será imprescindible hacerlo. Pero no olvidemos que esa labor representa solo una parte del desafío.
El verdadero trabajo se desarrolla cuando no hay titulares, cuando la tierra permanece en silencio y cuando parece que no pasa nada. Porque la verdadera emergencia empieza mucho antes de la erupción. Y el tiempo para prepararnos es ahora, no cuando la lava vuelva a abrirse camino.
Alfonso Escalero