La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y la jefa del Gobierno danés, Mette Frederiksen, han reclamado la creación de centros de repatriación en terceros países como parte de una política europea más restrictiva frente a la inmigración irregular. Ambas dirigentes han defendido esta medida en un comunicado conjunto difundido este lunes, en el que también rechazan lo que califican como «inmigración descontrolada».
La propuesta plantea trasladar fuera del territorio europeo parte de los procedimientos relacionados con la repatriación de personas que no tienen derecho a permanecer en los países de la Unión Europea. Italia ya ha puesto en marcha un modelo similar en Albania y, según el comunicado, se estudia extender este tipo de iniciativas a algunos países africanos.
Meloni y Frederiksen justifican su posición por la necesidad de reforzar la seguridad y responder a las preocupaciones de los ciudadanos. Ambas sostienen que «nadie puede negar las consecuencias negativas de la inmigración ilegal en nuestras sociedades: aumento de los índices de delincuencia, creciente presión sobre los servicios públicos y erosión de la confianza pública».
Las dos mandatarias añaden que el problema adquiere una especial gravedad cuando personas que se encuentran en situación irregular y carecen de derecho a permanecer en un país «cometen delitos violentos, trafican con drogas o son responsables de violencia sexual».
Ante esta situación, defienden que los gobiernos europeos deben adoptar medidas concretas. Su objetivo, aseguran, es «brindar respuestas concretas a los ciudadanos, especialmente a los más vulnerables, y garantizar una mayor seguridad y protección para nuestras comunidades».
La posición conjunta llega además en un momento de tensión entre Italia y España por los controles en las fronteras. Italia estableció controles en aeropuertos y puertos para los viajeros procedentes de España después de los acontecimientos registrados en Ceuta. Ante la decisión italiana de mantener estas medidas, el Gobierno español respondió aplicando controles similares a las personas procedentes de Italia.
En su comunicado, Meloni y Frederiksen defienden también una política migratoria que distinga entre quienes se encuentran legalmente en Europa y quienes carecen de autorización para permanecer. «El respeto a nuestras leyes debe ir de la mano del respeto a los valores europeos. Esto se aplica tanto a los inmigrantes irregulares como a los millones de ciudadanos extranjeros que residen legalmente en nuestros países y en toda Europa», señalan.
Las dos dirigentes también reivindican el patrimonio cultural europeo y reclaman que quienes se establezcan en sus países respeten los valores de las sociedades de acogida. «Ambas estamos orgullosos del patrimonio cultural cristiano de Europa y queremos protegerlo. Esperamos que quienes vengan a nuestros países y elijan Europa como su hogar respeten nuestros valores y no intenten imponernos modelos de vida que no compartimos», afirman.
Meloni y Frederiksen reconocen que su colaboración puede resultar llamativa debido a sus diferentes posiciones políticas y a la distancia geográfica entre Italia y Dinamarca. «Provenimos de posiciones políticas muy diferentes y, desde luego, no coincidimos en todo. Somos las únicas dos mujeres jefas de gobierno en la UE. Una de nosotras dirige un gran país del sur; la otra, un pequeño país del norte. Pero nos une nuestro deseo de defender Europa», explican.
Ambas concluyen que el endurecimiento de las políticas migratorias y la búsqueda de fórmulas de repatriación fuera del territorio comunitario constituyen, a su juicio, «la manera correcta de proteger a Europa y nuestros valores comunes».