Hay domingos en los que cuesta elegir por dónde empezar. No porque falten asuntos, sino porque demasiados terminan conduciendo a la misma pregunta: ¿quién lleva realmente el timón?
Canarias cierra otra semana con demasiadas preguntas encima de la mesa. Los carburantes siguen castigando el bolsillo, continúa sin conocerse un desenlace claro de las investigaciones anunciadas sobre el mercado de combustibles, vuelve la pelea con el Estado por los menores migrantes y, mientras tanto, España contempla cómo la gestión de la inmigración empieza a convertirse en un problema con nuestros propios socios europeos.
Y luego está Marruecos. Pero vayamos por partes.
Gasolina canaria: pagar primero y preguntar después
Lo de los carburantes en Canarias empieza a ser difícil de explicar. Tenemos una fiscalidad diferenciada precisamente por nuestra condición ultraperiférica, pero llenar el depósito se ha convertido en un ejercicio cada vez más doloroso.
Se anunciaron investigaciones sobre el mercado, se habló de empresas, márgenes, competencia y diferencias de precios. Pasan las semanas y el ciudadano continúa esperando una explicación sencilla: ¿qué está ocurriendo y cuándo conoceremos las conclusiones?
Ahora el Estado plantea ayudas al gasóleo durante septiembre y vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿y Canarias?
Porque aquí no basta con despachar el asunto diciendo que nuestro régimen fiscal es diferente. Precisamente porque lo es necesitamos saber cómo se aplicarán las medidas, quién podrá beneficiarse y si la singularidad canaria terminará nuevamente convirtiéndose en argumento para recibir menos.
La fiscalidad diferenciada debería ser una ventaja para los canarios, no una frase para explicarles por qué una ayuda diseñada en Madrid acaba llegando de otra manera.
El monumento: conservar no significa glorificar
Santa Cruz tiene además otra discusión abierta: el denominado monumento a Franco de la avenida de Anaga.
José Manuel Bermúdez parece tener clara su posición y está moviendo sus fichas con inteligencia. Alrededor del monumento existen informes, catálogos, valoraciones patrimoniales y argumentos jurídicos que permiten interpretaciones distintas. Y ahí está precisamente la cuestión: una cosa es cumplir la ley y otra concluir automáticamente que cumplirla exige una piqueta.
Existe una salida sensata: resignificar.
Conservar una obra no significa compartir aquello que representó originalmente. Europa está llena de edificios, estatuas y vestigios de épocas terribles que permanecen precisamente porque fueron contextualizados para explicar la historia en lugar de borrarla.
Además, según datos internos manejados en el ámbito municipal y por CC y PP —que deberán ser conocidos y contrastados públicamente para otorgarles todo su valor— existiría una preferencia mayoritaria entre los chicharreros por conservar el monumento resignificado antes que derribarlo.
Si esos datos se confirman, deberían ser escuchados.
Santa Cruz no necesita una guerra cultural interminable. Necesita inteligencia, seguridad jurídica y respeto por su patrimonio. Resignificar puede ser mucho más pedagógico que destruir.
Los menores y la pelea que nunca termina
Y nuevamente Canarias contra el Estado por los menores migrantes.
Otro capítulo. Otra discusión. Otra reunión. Otra interpretación jurídica.
La sensación para quien observa desde fuera es desesperante: administraciones discutiendo mientras Canarias continúa siendo territorio de llegada y debe responder inmediatamente a una realidad que no entiende de competencias ni de ruedas de prensa.
Los menores necesitan protección. Eso está fuera de discusión.
Pero Canarias también necesita solidaridad efectiva. No dentro de seis meses. No cuando termine el siguiente recurso. Ahora.
Porque convertir cada decisión migratoria en una batalla entre administraciones es una irresponsabilidad. Ni Canarias puede asumir indefinidamente una responsabilidad que corresponde al conjunto del Estado, ni España puede pretender resolver un fenómeno estructural mediante improvisaciones sucesivas.
Y Europa empieza a cansarse
El problema, además, ha dejado de ser exclusivamente español. Por eso, como diría, Jack el Destripador, por echar unas risas, -vamos por partes-. En tiempos tan duros y serios.
Italia endurece su posición. España responde. Dinamarca reclama medidas. Suecia, Finlandia y otros países europeos expresan preocupación. Schengen, uno de los mayores logros de la construcción europea, vuelve a aparecer en la conversación.
Y contemplamos una pelea impropia de socios que comparten fronteras, intereses y responsabilidades.
Italia toma decisiones contra España y España amenaza con responder a Italia. Tú me haces esto; pues yo te hago aquello.
Europa no puede funcionar como un patio de colegio.
Pero tampoco podemos engañarnos: cuando diferentes gobiernos europeos empiezan a mirar hacia España por nuestra gestión migratoria, responder simplemente que todos están equivocados quizá no sea suficiente.
Hay que preguntarse qué hemos hecho nosotros.
Porque España es frontera exterior de Europa. Canarias, Ceuta y Melilla también lo son. Controlar correctamente esas fronteras no significa renunciar a la humanidad. Significa precisamente hacer compatible la acogida de quien tiene derecho a ella con el cumplimiento de la ley.
Y entonces llegamos a Marruecos.
Los pájaros contra las escopetas
Que Marruecos termine cuestionando la gestión migratoria española es para frotarse los ojos.
Se han vuelto los pájaros contra las escopetas.
Rabat, cuya política fronteriza y cuya cooperación han condicionado durante años la presión migratoria sobre Canarias, Ceuta y Melilla, aparece ahora en disposición de señalar los problemas españoles.
Algo hemos hecho rematadamente mal para llegar a una situación semejante.
Marruecos es un socio imprescindible y España debe mantener con él una relación estable, inteligente y mutuamente beneficiosa. Pero precisamente por eso esa relación debe construirse desde el respeto entre iguales y nunca desde la dependencia.
España no puede permitir que su política migratoria quede condicionada por los movimientos de Rabat.
Y tampoco podemos olvidar Ceuta y Melilla. Son España. Son Europa. Y su seguridad y defensa no deberían convertirse jamás en material para la ambigüedad política. España pertenece a la OTAN y el Tratado de Washington establece un marco de defensa colectiva cuya interpretación territorial debe abordarse con seriedad, no con ocurrencias ni titulares fáciles. Desde el artículo 4 al 6 del tratado se debe analizar. No solo un artículo. Eso es sectarismo.
Cuando se habla de soberanía nacional conviene tener pocas dudas y todavía menos complejos.
Candelaria nos recordó otra Canarias
Por fortuna, esta semana también dejó una imagen completamente diferente.
Miles de personas volvieron a caminar hacia Candelaria.
Con calor. Mucho calor. Con cansancio. Con promesas, tradición, fe para quienes la tienen y sentimiento de pertenencia para prácticamente todos.
Porque Candelaria supera incluso su dimensión religiosa. Hay algo profundamente canario en esas carreteras llenas de familias, jóvenes, mayores y grupos de amigos caminando hacia la Basílica.
Y también corresponde reconocer cuando las cosas funcionan.
El Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Candelaria desplegaron un dispositivo que permitió afrontar una jornada especialmente delicada por las altas temperaturas y, sobre todo, por el riesgo existente en nuestros montes. La organización de accesos y las medidas preventivas ayudaron a compatibilizar una peregrinación multitudinaria con algo absolutamente prioritario: proteger a las personas y evitar poner en peligro nuestro territorio.
También eso es Canarias.
No solamente pleitos administrativos, migración, precios o discusiones políticas.
Canarias es una señora caminando hacia Candelaria aunque las piernas ya no acompañen como antes. Es una familia compartiendo agua con quien viene detrás. Es Protección Civil, policías, sanitarios y trabajadores haciendo posible que miles de personas lleguen a su destino.
Recuperemos el timón
Quizá ahí esté la enseñanza de esta semana.
Canarias funciona muchas veces mejor cuando la sociedad tiene claro hacia dónde quiere caminar que cuando la política comienza a discutir el camino.
Necesitamos saber qué ocurre con nuestros carburantes. Necesitamos resolver con inteligencia el futuro del monumento de Santa Cruz. Necesitamos que el Estado asuma de una vez que los menores migrantes no son únicamente un problema canario. Necesitamos una política migratoria española seria que permita sentarnos en Europa con autoridad. Necesitamos una relación adulta con Marruecos. Y necesitamos defender sin titubeos nuestros intereses y nuestra soberanía.
No hacen falta más aspavientos.
Hace falta gobernar.
Prever antes de improvisar. Explicar antes de confundir. Negociar sin arrodillarse. Cumplir la ley sin convertir cada asunto en una guerra ideológica. Y recordar que detrás de cada gran debate político siempre termina apareciendo alguien que simplemente quiere llenar el depósito, llegar a final de mes, criar a sus hijos o caminar tranquilo hacia Candelaria.
España es un gran país.
Canarias es una tierra extraordinaria.
Precisamente por eso tenemos derecho a exigir que quienes las gobiernan estén a su altura.
Porque si Europa comienza a desconfiar, Canarias vuelve a sentirse sola, Marruecos pretende darnos lecciones y nuestros gobernantes continúan respondiendo a los problemas cuando ya están encima de la mesa, llegará un momento en que la pregunta resulte inevitable.
¿Qué Gobierno tenemos?
Este domingo, sin embargo, preferimos terminar mirando hacia Candelaria.
Porque mientras algunos continúan discutiendo quién tiene la culpa, miles de canarios demostraron algo mucho más sencillo: cuando sabemos adónde queremos llegar, esta tierra todavía sabe caminar junta.