Hay campañas de promoción turística que cuestan millones de euros. Y luego están las que no tienen precio.
Las que nacen de forma espontánea. Las que no se compran. Las que no responden a un contrato, a una estrategia de marketing o a un intercambio publicitario. Las que, sencillamente, salen del alma.
Eso es lo que ha ocurrido con el creativo, comunicador e influencer Iván Jiménez, quien durante su estancia en Tenerife publicó un vídeo en sus redes sociales en el que explica cómo se ha sentido en la isla y destaca la cercanía, la educación y la forma de ser de quienes viven aquí.
No conocemos personalmente a Iván Jiménez. De hecho, en La Gaceta de Canarias no vamos a fingir lo contrario: no sabíamos quién era antes de ver ese vídeo.
Y precisamente por eso hemos querido escribir estas líneas.
Porque cuando alguien habla bien de Canarias sin que nadie se lo haya pedido, sin campañas detrás, sin contratos y sin intereses comerciales, creemos que merece un reconocimiento.
En un momento en el que buena parte de la comunicación digital está condicionada por colaboraciones pagadas, promociones patrocinadas o acuerdos comerciales, encontrar un mensaje completamente natural tiene un valor enorme.
No vendía nada. No promocionaba ningún establecimiento. No respondía a ninguna campaña institucional.
Simplemente contaba cómo se había sentido. Y eso vale mucho más que cualquier anuncio.
Su reflexión nos hizo recordar una campaña que marcó una época hace ya cerca de cuatro décadas: “Tenerife, Isla Amable”.
Muchos la recordarán por aquellos manteles de papel que aparecían en bares y restaurantes de toda la isla y que terminaron convirtiéndose en un pequeño símbolo de identidad.
El mensaje era sencillo, pero poderoso. Ser amables. Recibir bien. Hacer sentir cómodo al visitante.
Entender que la hospitalidad forma parte de nuestra manera de ser.
Con el paso de los años aquella campaña desapareció, pero su esencia permaneció entre la gente.
Porque el canario, y muy especialmente el tinerfeño, tiene una forma muy particular de relacionarse con quien llega de fuera.
No significa que seamos perfectos. No significa que aquí no existan problemas. Los hay, como en cualquier otro lugar. Pero también existe una cercanía que difícilmente puede fabricarse desde un despacho de publicidad.
Eso no se compra. Eso se vive. Y quizá por eso tiene tanto valor cuando alguien que no tiene ninguna obligación de hacerlo lo percibe y lo comparte con cientos de miles de personas.
Sin pedir nada. Sin esperar nada. Solo porque así lo ha sentido. Vivimos tiempos en los que muchas veces confundimos comunicación con publicidad.
Y no son lo mismo. La publicidad puede contratarse. La autenticidad, no. Por eso creemos que merece la pena detenerse unos minutos y escuchar a quien habla bien de Tenerife porque realmente lo piensa.
No por el número de seguidores que tenga. No por el alcance de sus publicaciones. Sino porque la mejor promoción de una tierra siempre será la que nace de una experiencia sincera.
Desde La Gaceta de Canarias queremos agradecer públicamente ese gesto. Porque, a veces, hace falta que alguien venga de fuera para recordarnos lo que somos y el enorme valor que tiene seguir siendo una tierra acogedora.
Gracias, Iván Jiménez. Y gracias también a quienes, sin buscar protagonismo ni contraprestaciones, ayudan a proyectar la mejor imagen de Tenerife: la que nace de su gente.