Ahogamientos en Canarias: las cifras exigen mucho más que campañas de verano

Ahogamientos en Canarias

La muerte de un menor de 14 años este martes en la costa de Mogán vuelve a enfrentar a Canarias con una de sus estadísticas más dolorosas y persistentes. Los ahogamientos continúan cobrándose vidas en un Archipiélago donde la relación con el mar forma parte de la vida cotidiana y donde cada verano se multiplican las llamadas a la prudencia.

Los datos explican por sí solos la dimensión del problema. Canarias cerró julio con 39 fallecidos por ahogamiento en lo que iba de 2026, nueve más que durante el mismo periodo del año anterior y un incremento del 30%.

La situación resulta todavía más preocupante cuando se analiza el comportamiento de una parte de las víctimas. Hasta julio, el 51% de los fallecidos se había introducido en el mar mientras estaban activadas prealertas o alertas por fenómenos costeros adversos. Es decir, en más de la mitad de los casos existía una advertencia previa sobre la peligrosidad de las condiciones marítimas.

Canarias lleva años desarrollando acciones de sensibilización y prevención, pero las estadísticas obligan a preguntarse si su dimensión, continuidad y recursos son suficientes. No basta con concentrar los mensajes durante determinadas semanas del verano o después de que se produzca una tragedia.

La prevención necesita una presencia permanente en playas, centros educativos, establecimientos turísticos, aeropuertos y espacios públicos. También una información accesible en diferentes idiomas para un territorio que recibe millones de visitantes cada año.

Gobierno de Canarias, cabildos y ayuntamientos tienen ante sí un problema que requiere coordinación, recursos y una política de prevención sostenida durante todo el año. Las campañas existen, pero las cifras demuestran que todavía queda mucho camino por recorrer para conseguir que el mensaje llegue y, sobre todo, que cale.

Y existe también una responsabilidad individual que ninguna Administración puede sustituir. Una bandera roja no es una recomendación, una alerta costera no es un simple trámite administrativo y una corriente aparentemente inofensiva puede convertirse en cuestión de segundos en una situación imposible de controlar.

Canarias vive del mar y junto al mar. Precisamente por ello, aprender a respetarlo debería convertirse en una cuestión de cultura colectiva y no únicamente en un mensaje que recordamos después de cada tragedia.

El verano acumula víctimas y vuelve a encender todas las alarmas

Junio terminó con seis fallecidos por ahogamiento en Canarias y julio añadió otros ocho, dejando al menos 14 muertes únicamente durante esos dos primeros meses del verano.

Agosto ha vuelto a traer accidentes mortales y la tragedia de Mogán, con la muerte de un adolescente de apenas 14 años, vuelve a recordar que detrás de cada estadística hay una familia y una vida perdida.

El problema no es nuevo. En los últimos diez años, 734 personas han fallecido por ahogamiento en Canarias. Una cifra enorme para un territorio de 1.500 kilómetros de costa y que debería convertir la prevención acuática en una prioridad permanente.

Las administraciones autonómica, insulares y municipales deben preguntarse si la inversión realizada en concienciación está verdaderamente a la altura del problema. No se trata únicamente de hacer campañas, sino de conseguir que tengan continuidad, presencia y capacidad real para modificar comportamientos.

Pero tampoco toda la responsabilidad puede trasladarse a las instituciones. Hay un dato difícil de ignorar: más de la mitad de las personas que habían fallecido hasta julio entraron al mar mientras existían prealertas o alertas por fenómenos costeros adversos.

Podemos mejorar las campañas, aumentar su inversión, reforzar la vigilancia y multiplicar la información. Debemos hacerlo. Pero hay una última decisión que corresponde exclusivamente a cada ciudadano: hacer caso.

Porque frente al mar, una imprudencia puede no ofrecer una segunda oportunidad.

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