Emmasa, la red invisible que garantiza el agua en Santa Cruz: 1.000 kilómetros de tuberías y 204 millones de litros almacenados

Planta de agua de Emmasa en Santa Cruz de Tenerife

Abrir un grifo y disponer de agua potable parece uno de los gestos más sencillos de la vida cotidiana. Sin embargo, detrás de cada litro que llega a una vivienda, un comercio, un colegio o un hospital de Santa Cruz de Tenerife funciona durante las 24 horas una enorme infraestructura que permanece prácticamente invisible para los ciudadanos. Emmasa gestiona una red cercana a los 1.000 kilómetros de tuberías y 38 depósitos capaces de almacenar 204.000 metros cúbicos, es decir, 204 millones de litros de agua.

El sistema se ha convertido en una infraestructura estratégica para una capital condicionada por su orografía, con barrios situados a cotas muy diferentes y un territorio que se extiende desde el centro urbano hasta los núcleos más dispersos del macizo de Anaga.

La capacidad de los 38 depósitos permite que Santa Cruz disponga de una autonomía media superior a cinco días de almacenamiento, una garantía especialmente relevante ante averías, interrupciones puntuales del suministro o situaciones de emergencia.

El alcalde, José Manuel Bermúdez, destaca que garantizar el abastecimiento en una ciudad con estas características exige inversiones continuadas y una planificación que permita anticiparse a los problemas. El objetivo municipal pasa por aumentar la seguridad hídrica y mantener una capacidad de respuesta suficiente ante cualquier incidencia.

Una estrategia en la que la tecnología desempeña un papel cada vez mayor. El concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife, pone en valor el trabajo que diariamente desarrolla el equipo profesional de Emmasa tanto sobre el terreno como desde los sistemas de control.

La red permite monitorizar el subsuelo y las instalaciones prácticamente en tiempo real, controlar la presión y localizar posibles fugas antes incluso de que sean perceptibles para los vecinos. Un mantenimiento permanente que resulta esencial en una infraestructura que suma alrededor de un millar de kilómetros.

La distribución del agua se apoya en una auténtica red de depósitos repartidos estratégicamente por el municipio. Los Campitos y Ofra desempeñan un papel fundamental en las zonas altas y en áreas de elevada concentración residencial y hospitalaria.

En los distritos urbanos aparecen instalaciones como Fumero, Cueva Roja, Salamanca o La Salud, además del histórico depósito de la Plaza de Toros, el más antiguo de la red local. El crecimiento del Suroeste también ha obligado a adaptar las infraestructuras para atender barrios como El Sobradillo y Barranco Grande.

Anaga representa otro de los grandes desafíos. Su dispersión territorial obliga a mantener depósitos locales que garantizan el abastecimiento de núcleos como San Andrés, Taganana, Roque Negro o Pico del Inglés.

El control de la calidad completa el engranaje. El agua que circula por la red está sometida a vigilancia mediante 40 estaciones automatizadas, mientras el conjunto del sistema utiliza más de 100 toneladas de cloro al año para garantizar las condiciones de potabilidad.

Santa Cruz ha construido así una infraestructura hidráulica que pocas veces se ve, pero que resulta imprescindible para que la ciudad funcione. Una red que combina almacenamiento, distribución, tecnología y vigilancia permanente y que convierte a Emmasa en uno de los servicios esenciales de la capital.

La desaladora cambia el mapa del agua: ya produce el 62% que consume la capital

El otro gran pilar de la transformación hídrica de Santa Cruz se encuentra junto al mar. La Estación Desaladora de Agua de Mar (EDAM) ha reducido sustancialmente la dependencia histórica de los pozos y galerías y se ha convertido en una pieza fundamental para garantizar el abastecimiento.

Actualmente, la desalación genera aproximadamente el 62% del agua que consume Santa Cruz, con una producción próxima a los 33.000 metros cúbicos diarios. Traducido a una imagen fácilmente comprensible, supone producir cada día el equivalente al agua necesaria para llenar unas 16 piscinas olímpicas.

El resto del abastecimiento procede de pozos y galerías, propios y privados, lo que permite diversificar las fuentes disponibles y disminuir la presión sobre las reservas subterráneas.

Pero el ciclo gestionado por Emmasa no termina cuando el agua desaparece por el desagüe. Santa Cruz dispone además de más de 800 kilómetros de red de saneamiento, nueve estaciones de bombeo y un tanque de tormentas con capacidad para 1.500 metros cúbicos.

Las aguas son tratadas en las instalaciones de Los Moriscos y Buenos Aires. Esta última incorpora además un sistema avanzado de regeneración que permite recuperar agua y distribuirla mediante una red específica de 43 kilómetros destinada al riego de parques y jardines públicos.

Producción, almacenamiento, distribución, saneamiento y reutilización forman así un ciclo integral que busca aprovechar cada recurso disponible y preparar a Santa Cruz para un escenario en el que la sequía y la disponibilidad de agua serán cada vez más determinantes.

Planta de agua de Emmasa en Santa Cruz de Tenerife