La Gerencia Municipal de Urbanismo de Santa Cruz de Tenerife continúa ejecutando las actuaciones destinadas a reducir el riesgo en el antiguo hotel abandonado de Añaza, una estructura que lleva más de medio siglo inacabada y que ha sido escenario de numerosos incidentes y, al menos, cinco muertes.
La concejala, Zaida González, ha mostrado este viernes el avance de los trabajos que se desarrollan en el interior del inmueble. La actuación se centra ahora en eliminar las escaleras que permiten acceder a las plantas superiores desde la sexta planta, creando una barrera física que dificulte que quienes consiguen entrar en el recinto puedan alcanzar las zonas de mayor altura.
La intervención supone ir más allá del vallado exterior y de los carteles de advertencia instalados durante años. El objetivo es actuar directamente sobre determinados elementos de la construcción para impedir el tránsito vertical por un edificio plagado de riesgos, desde desniveles y zonas sin protección hasta huecos de ascensores abiertos.
Los trabajos responden a un problema de seguridad que se ha mantenido durante décadas. El edificio comenzó a construirse en 1973 como un proyecto hotelero, pero las obras quedaron paralizadas apenas dos años después. Desde entonces, la enorme estructura de hormigón situada entre Añaza y Acorán se ha convertido en uno de los grandes esqueletos urbanísticos de la capital.
La preocupación aumentó considerablemente después de la tragedia ocurrida en diciembre de 2025, cuando una niña de 13 años perdió la vida tras precipitarse desde el inmueble mientras se encontraba allí acompañada de otras menores. La Policía Nacional asumió la investigación y descartó inicialmente la participación de terceras personas.
Aquel fallecimiento volvió a poner sobre la mesa la necesidad de impedir de manera efectiva el acceso. La construcción estaba vallada y contaba con advertencias, pero estas medidas no habían conseguido evitar completamente la entrada de personas.
La prueba llegó apenas unos días después de la muerte de la menor. La Policía Local tuvo que desalojar a cuatro jóvenes que habían conseguido alcanzar la sexta planta para hacerse fotografías y selfis, pese a los precintos y las advertencias existentes.
Urbanismo optó entonces por reforzar las medidas de seguridad mediante actuaciones físicas en el propio edificio. El plan contemplaba demoliciones parciales, colocación de mallas y eliminación de accesos a las plantas superiores. Su ejecución sufrió inicialmente retrasos después de quedar desierta una licitación presupuestada en unos 113.000 euros.
Los trabajos que ahora muestra Zaida permiten comprobar que esa actuación está finalmente avanzando. La eliminación de las escaleras desde la sexta planta pretende reducir drásticamente las posibilidades de alcanzar las alturas más peligrosas mientras continúa el complejo procedimiento administrativo encaminado a resolver definitivamente el futuro del inmueble.
El Ayuntamiento inició este año el proceso de expropiación forzosa de una construcción cuya complicada estructura de propiedad ha dificultado durante décadas cualquier solución. El objetivo municipal continúa siendo alcanzar finalmente el derribo del antiguo hotel.
Cinco muertes y décadas de incidentes en una estructura convertida en una trampa
La actuación impulsada por Urbanismo tiene detrás un historial que explica la urgencia. El antiguo hotel de Añaza no solo constituye una estructura abandonada, sino que durante décadas ha sido escenario de accidentes, conductas de enorme riesgo e intervenciones policiales.
La muerte de la niña de 13 años en diciembre de 2025 fue, según las informaciones conocidas entonces, la quinta víctima mortal registrada en el inmueble. Ya en 2017 los vecinos denunciaban que habían fallecido al menos cuatro personas, tres en accidentes y una cuarta en un presunto suicidio. Alertaban además del enorme peligro que suponían los huecos de los ascensores completamente abiertos y las plantas sin las medidas de protección propias de un edificio terminado.
Los episodios de riesgo han sido constantes. En 2020 se detectó a personas saltando entre balcones abiertos; en 2022, la actuación policial evitó una posible tragedia cuando una mujer amenazó con precipitarse desde la planta decimotercera.
La tragedia de 2025 demostró definitivamente que el vallado exterior no era suficiente. Y que, solo días después del fallecimiento de una menor, otros jóvenes volvieran a alcanzar la sexta planta evidenció la facilidad con la que algunos continuaban desafiando las prohibiciones.
De ahí la decisión de eliminar ahora físicamente las escaleras hacia las plantas superiores. Santa Cruz intenta cerrar el camino hacia el peligro mientras llega el derribo definitivo de una estructura que lleva más de 50 años esperando una solución.