El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha puesto en marcha nuevas actuaciones para cerrar el paso al conocido como ‘mamotreto’ de Añaza, el gigantesco hotel abandonado que lleva medio siglo convertido en uno de los puntos más peligrosos del litoral del Suroeste.
Entre las medidas previstas destaca la demolición de las escaleras de las plantas 0, 1, 2, 3 y 4, una actuación destinada a inutilizar los principales accesos al interior del edificio y dificultar que vecinos, turistas o curiosos puedan adentrarse en la estructura. El plan contempla también eliminar el acceso a la sexta planta desde el terreno y colocar sistemas de protección en los huecos más accesibles del inmueble.
La intervención llega después de años de intentos para impedir que las personas entren en el edificio pese a las vallas y señales de peligro instaladas en sus alrededores. El Ayuntamiento considera que el inmueble presenta una situación de “extrema peligrosidad”, agravada por los accesos incontrolados y los accidentes registrados en su interior.
Un edificio marcado por la tragedia
El ‘mamotreto’ volvió a quedar en el centro de la polémica después de que una menor de 13 años falleciera en diciembre de 2025 tras caer al vacío desde el edificio. El suceso reavivó las críticas por la facilidad con la que se puede acceder a una construcción que permanece abandonada desde hace décadas.
Precisamente, las nuevas medidas de seguridad se plantearon como una solución provisional mientras se completa el complejo procedimiento administrativo necesario para hacer posible el derribo definitivo.
El derribo definitivo, todavía pendiente
El Ayuntamiento adjudicó en 2023 el proyecto de demolición, pero el derribo requiere culminar previamente un proceso de expropiación de la propiedad, repartida entre cientos de propietarios españoles y extranjeros. En febrero de este año se aprobó inicialmente la expropiación urgente de la finca, con un coste estimado de 2,34 millones de euros.
Para financiar la demolición, el Gobierno de Canarias concedió al Consistorio una subvención de 2,5 millones de euros, mientras que el Cabildo de Tenerife aportó otros 500.000 euros. El objetivo final pasa no solo por eliminar el edificio, sino también por transformar el espacio que actualmente ocupa.
El inmueble comenzó a construirse en 1973 como un ambicioso complejo turístico de 741 apartamentos. Sin embargo, las obras quedaron paralizadas pocos años después y la estructura, de 22 plantas y más de 40.000 metros cuadrados construidos, permanece desde entonces como un enorme esqueleto de hormigón junto al litoral.
Mientras se resuelve el proceso que permitirá acabar definitivamente con el ‘mamotreto’, Santa Cruz intenta ahora hacer prácticamente imposible el acceso a su interior mediante la eliminación de escaleras, el cierre de huecos y la supresión de los caminos que permiten alcanzar las plantas superiores.