Duele decirlo, pero cuando uno es testigo diario y directo de lo que ocurre en las zonas turísticas , no puede mirar hacia otro lado. Estamos retrocediendo.
Y no se trata únicamente de suciedad. Reducir el problema a que una calle esté mejor o peor barrida sería quedarse en la superficie. Lo que empieza a percibirse es algo mucho más preocupante: falta de limpieza, ausencia de mantenimiento, deterioro del espacio público , aumento de la delicuencia , y, en demasiados lugares, una sensación evidente de abandono y dejación.
Estamos hablando , de los escaparates turísticos de Tenerife y Canarias. Un territorio que recibe cada año a millones de visitantes y que debería representar precisamente aquello que durante décadas hemos defendido como modelo: calidad, cuidado, seguridad, servicios y excelencia del destino.
Cuando la suciedad permanece, el mobiliario urbano se deteriora, los espacios públicos pierden calidad y seguridad , y nadie parece reaccionar con la rapidez necesaria, el problema deja de ser puntual. Se convierte en una cuestión de modelo.
Y hay imágenes que resumen perfectamente lo que está sucediendo.
Una de ellas es la venta ambulante de productos falsificados delante de establecimientos que comercializan productos originales, pagan impuestos, generan empleo, abonan alquileres y cumplen con sus obligaciones. Que esta situación pueda producirse con normalidad en pleno espacio turístico debería hacernos reflexionar.
No estamos únicamente ante un problema comercial. Estamos ante un síntoma de algo mayor: la pérdida de control y de exigencia sobre el espacio público turístico.
Ahora bien, conviene decirlo todo.
Tampoco algunos de quienes hoy denuncian esta situación mantuvieron siempre mejor estos espacios cuando tuvieron responsabilidades. La memoria debe servir también para evitar oportunismos. La calidad turística no puede depender del color político de quien gobierne , ni utilizarse como argumento únicamente cuando se está en la oposición.
El problema viene de atrás, pero eso no puede convertirse en una excusa para no actuar ahora.
Por eso se echan especialmente de menos los convenios y la filosofía de trabajo que durante años impulsaron Turismo de Tenerife, Ashotel y los Ayuntamientos turísticos.
Aquello significaba mucho más que determinadas inversiones o actuaciones. Existía una estrategia, unas bases de trabajo, coordinación entre administraciones y empresarios y, sobre todo, una preocupación permanente por mantener y mejorar el destino.
Había una expresión que consiguió calar: la calidad integral del destino turístico.
Y ese concepto tenemos que recuperarlo.
Porque el turista que camina por las zonas turisticas , no distingue qué administración tiene la competencia sobre una acera, quién debe limpiar una determinada zona, quién mantiene un jardín , o quién debe actuar ante una actividad irregular.
El visitante simplemente ve Tenerife .
La experiencia turística comienza mucho antes de entrar en el hotel , y continúa cuando el visitante sale de él. Las calles, la limpieza, los jardines, las playas, las zonas comerciales, la seguridad, el transporte, el mobiliario urbano y el mantenimiento , forman parte exactamente del mismo producto que vendemos internacionalmente.
No podemos exigir excelencia a hoteles, restaurantes y comercios mientras permitimos que el espacio público que los rodea se deteriore.
Ha llegado el momento de recuperar la filosofía de la calidad turística, pero haciéndolo de una manera muy sencilla: bajándola a tierra.
Menos discursos y más limpieza. Menos grandes conceptos y más mantenimiento. Menos estrategias que terminan en documentos , y más actuaciones visibles en las calles.
Necesitamos objetivos concretos, estrategia , calendarios, seguimiento y resultados. Y necesitamos recuperar una coordinación real entre Ayuntamientos , administraciones turísticas y sector empresarial.
Porque Tenerife compite cada día con destinos que también mejoran, invierten y se modernizan. Nuestro clima, nuestras playas y nuestro paisaje son extraordinarios, pero no justifican la complacencia.
El turismo ha sido y continúa siendo nuestra principal fuente de riqueza. Precisamente por eso debemos cuidarlo desde lo más básico.
Y lo más básico empieza por tener un espacio público limpio, cuidado, ordenado y a la altura del destino que queremos ser.
Duele reconocerlo, pero es necesario hacerlo.
Retrocedemos , más suciedad, más deterioro , menos seguridad , y una preocupante sensación de abandono. Y cuanto antes se reconozca el problema, antes podremos empezar a recuperar el terreno perdido.