Cuando evolucionar se convierte en un problema
En pleno verano, cuando las ciudades aprovechan la temporada para mostrar su mejor cara y consolidar un modelo económico más dinámico, Santa Cruz de Tenerife vuelve a encontrarse con un debate que lleva demasiado tiempo aplazándose. La petición de las grandes superficies para revisar la Zona de Gran Afluencia Turística (ZGAT) ha reabierto una discusión que el alcalde, José Manuel Bermúdez, ha optado por trasladar a los servicios jurídicos. Una decisión prudente, pero que también evidencia la complejidad de un modelo que lleva años sin resolverse.
Sobre la mesa hay dos posiciones perfectamente definidas. Por un lado, las grandes superficies reclaman una mayor libertad comercial, con horarios más amplios y apertura en domingos y festivos. Al otro, el pequeño comercio, respaldado por organizaciones como FAUCA y Zona Centro, defiende el modelo actual y advierte de que una ampliación de la ZGAT supondría un duro golpe para los negocios tradicionales.
Ambas posiciones son legítimas porque cada una defiende los intereses de quienes representa. El problema aparece cuando el debate se plantea como un enfrentamiento entre vencedores y vencidos. Ahí es donde Santa Cruz pierde. Porque la solución no pasa por imponer el criterio de unos sobre otros, sino por encontrar un equilibrio que permita convivir a todos.
Lo verdaderamente preocupante no es esta batalla comercial. Lo preocupante es la enorme dificultad que tiene Santa Cruz para evolucionar. Cada intento de cambio acaba convertido en un conflicto. Cada propuesta genera un bloqueo. Y mientras tanto, otras ciudades avanzan con mayor rapidez.
Santa Cruz tiene prácticamente todo para convertirse en una gran capital atlántica. Disfruta de uno de los mejores climas de Europa, dispone de capacidad hotelera creciente, cuenta con puerto, conexiones, patrimonio y una ubicación privilegiada. Sin embargo, continúa siendo una ciudad que vive fundamentalmente de lunes a viernes, impulsada por el peso de las administraciones públicas y de la actividad institucional del área metropolitana. Cuando llega el fin de semana, especialmente los viernes por la tarde, la ciudad sigue teniendo dificultades para mantener un pulso constante.
Es cierto que la Sociedad de Desarrollo y el Ayuntamiento realizan un importante esfuerzo organizando actividades, dinamizando calles y promoviendo campañas. Pero, en demasiadas ocasiones, se trata de acciones puntuales que generan movimiento durante unas horas o unos días. Lo que Santa Cruz necesita es algo mucho más ambicioso: que exista la certeza de que cualquier fin de semana habrá vida, comercio, restauración, cultura y actividad de manera permanente, no solo cuando hay un evento programado.
Tampoco sería inteligente entregar todo el protagonismo a las grandes superficies. Su objetivo empresarial es evidente: concentrar el mayor número posible de consumidores dentro de sus instalaciones. Pero tampoco parece razonable mantener un sistema incapaz de adaptarse a una realidad económica y turística muy distinta de la de hace quince años.
Santa Cruz no necesita vencedores en esta batalla. Necesita una estrategia de ciudad. Una que combine protección al comercio tradicional con libertad económica, dinamización urbana y capacidad para competir con otras capitales que hace tiempo entendieron que evolucionar no significa renunciar a la identidad, sino garantizar el futuro.
Porque el verdadero riesgo no es abrir más o abrir menos. El verdadero riesgo es seguir dejando pasar oportunidades mientras el debate continúa eternamente abierto.